A lo largo de la historia, la Argentina aportó un extenso capital humano a la ciencia y a la investigación. Ambas actividades tratar de sobrevivir a los ajustes presupuestarios y a las iniciativas con las que se intentan llevarla hacia el sector privado. La ciencia pública ha permitido desarrollar genética, nuevas tecnologías y hasta vacunas con alcance general. Por eso, cobra más valor el pensamiento del doctor René Favaloro. “Los progresos de la medicina y de la bioingeniería podrán considerarse verdaderos logros para la humanidad cuando todas las personas tengan acceso a sus beneficios y dejen de ser un privilegio para las minorías”, supo decir.

Este 9 de mayo se cumplirán 59 años desde que, en Estados Unidos, se realizara el primer bypass aortocoronario. Con esa intervención, Favaloro revolucionó la cirugía cardiovascular y cambió para siempre el tratamiento de la enfermedad coronaria.

A casi seis décadas de aquella primera operación histórica, la técnica continúa siendo el estándar de oro a nivel mundial. Según estimaciones internacionales, actualmente se realizan alrededor de un millón de cirugías bypass por año y, hasta 2023, el procedimiento contribuyó a salvar más de 55 millones de vidas, describe la Fundación Favaloro.  La magnitud de su impacto se entiende al observar el contexto global: la enfermedad coronaria es la principal causa de muerte en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), estas patologías provocan aproximadamente 19,8 millones de muertes cada año. En Argentina, también encabeza las estadísticas: se registran más de 40.000 infartos anuales.

Antes del desarrollo del bypass, un diagnóstico de obstrucción coronaria severa implicaba un pronóstico extremadamente limitado. La creación de este “puente” vascular para restablecer el flujo sanguíneo al corazón cambió ese escenario de manera radical. Hoy, combinada con prevención, control de factores de riesgo y cambios en el estilo de vida, la cirugía permite reducir significativamente la mortalidad y mejorar la calidad de vida de millones de personas. El bypass sigue siendo sinónimo de precisión, compromiso y futuro. Y su legado continúa vigente en cada cirugía y en cada paciente que recupera su calidad de vida gracias a una técnica que transformó la enfermedad coronaria para siempre.

Este es uno de los ejemplos de los emprendimientos que la ciencia pública ha dejado como legado de la capacidad de los argentinos para generar propuesta de alto impacto global. El financiamiento a estas disciplinas es clave para seguir promoviendo la innovación y el desarrollo, formando capital humano de forma permanente. Más allá de las cuestiones netamente financieras y de las crisis económicas recurrentes, el sistema de ciencia e investigación sigue siendo uno de los más respetados del mundo. De hecho, el Conicet es uno de los organismos de mejor reputación mundial. Por esa razón, la ciencia pública es el corazón de un sistema educativo que requiere financiamiento y, por sobre todo, un impulso para continuar exponiendo al planeta lo que somos capaces de hacer.